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Puertos en Navarra

Los destinos más populares

3 puertos en Navarra

Puertos en Otsagabia
Puerto de Larrau
Una forma de acceder a Francia desde España es cruzar las montañas a través del puerto de Larrau en Navarra. En la cima, además de unas impresionantes vistas, podemos disfrutar de la tranquilidad que se narra en las clásicas historias de pastores: el ganado paciendo tranquilamente, la serenidad y belleza de las montañas que nos rodean, la paz que invita a tumbarse y a filosofar hasta que, tal vez por acumulación de tantas sesudas reflexiones, nos entre la modorra y disfrutemos de la mejor siesta del año. Os recomiendo este rincón. Parad al menos diez minutos, sosegaos, y ved otras formas de vida.
Puertos en Erratzu
Puerto de Izpegi
Desde el soñado Valle del Baztán se puede acceder a tierras francesas por el Puerto de Izpegi. El camino sale de Erratzu, un pueblo con una iglesia encantadora y bellas casas solariegas y palacianas del siglo XVI, cuyos escudos hablan de patronazgos e hidalguías. En seguida la carretera comienza a subir. Dibuja ‘eses’ muy marcadas bajo un cielo tupido de copas de árboles. Después se aleja de la tierra, los bosques quedan abajo, cambia la luz, el panorama crece. Ya desde el puerto de Izpegi se ve el mundo: Las nubes violetas, las torres de las iglesias, el río Baztán corriendo cristalino, el humo de las chimeneas trepando perezoso, el pueblo de St Etienne de Baigorry, ya en Francia, dibujándose a lo lejos.
Puertos en Otsagabia
Puerto de Tapla
Si algo tienen las montañas, son grandes paisajes... los Pirineos, más cerca de lo que a veces pensamos, tienen rincones de sobra, y como muestra este botón. De camino a la Selva de Irati este pasado puente, una vez salimos del precioso pueblo de Ochagavía, la carretera que nos lleva a esa maravilla de bosque nos hace pasar por el Puerto de Tapla. Estamos en la sierra de Abodi, a 1.350 m. de altitud. Desde aquí se divisan los picos más altos de los Pirineos navarros y franceses que superan los 2000 m., en los días claros. Precisamente, a la ida nos encontramos con un paisaje fantasmal lleno de niebla que no invitaba a parar. Pero a la vuelta, ya por la tarde, había despejado y pudimos andar un rato por allí y contemplar el soberbio paisaje que en otoño brindan estas tierras, pintadas de un montón de colores ocres, rojos, amarillos, y sí, divisamos tímidamente los pirineos. Me llamó mucho la atención un pico que, a nuestra derecha, se recortaba con la luz del sol poniente. Es la Higa de Monreal, que por lo visto es famosa porque se ve desde todos los puntos de Navarra. De frente, un poco a la izquierda, otra montaña llamaba poderosamente nuestra atención. El pico de Ezkaurre Txilua, con 1764 m. de altitud y una curiosísima forma de herradura enorme. No tuvimos la suerte ese día, sin embargo, de encontrar caballos de la raza burguetana, que suelen pastar por estas alturas (sí al día siguiente, en otro puerto... pero eso ya es otra historia.. .;-))