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Senderismo en Camerún

Los destinos más populares

3 senderismo en Camerún

Senderismo en Mokolo
Trekking en el Monte Ziver
Una de las mejores cosas que uno puede hacer en el Extremo Norte de Camerún, son trekkings. Los Montes Mandara ofrecen varios puntos de interés, y siempre y cuando os procuréis un guía de la zona, merece la pena adentrarse en sus paisajes y encontrarse con sus gentes. Porque, aunque pueda parecer lo contrario, no os faltarán los pueblitos y pequeños "caseríos" familiares donde viven las tribus de la zona, y donde siempre os procurarán una bienvenida. Son gentes hospitalarias, aunque seguramente no tengan mucho que daros, o más bien nada, pero no se trata de eso ¿no? :-). Mokolo es una de las localidades más importantes, y está cerca del Monte Ziver. Salvar unos 30 kilómetros en 4x4 para llegar a su base es más que aconsejable (a no ser que vayáis a acampar por allí). La subida es empinada, no hay senderos, pero el terreno es bastante "cómodo" al estar conformado por grandes piedras de granito, al estilo de la sierra madrileña para que os hagáis una idea. Por el camino, veréis los cultivos de maíz, mijo (planta muy similar al maíz, fácil de confundir para los que no estamos acostumbrados, je, je), yuca. También me llamó muchísimo la atención las plantas suculentas, tipo cactus, gigantes, hasta el punto de adquirir el tamaño de un árbol. De vez en cuando veréis niños observando desde lejos. Generalmente no se acercan, les damos un poquito de miedo. Aunque cuando bajamos sí se envalentonaron y se acercaron un poco más, sobre todo en busca de las botellas de agua vacías, un bien al que seguro le sacan buen partido. Hacía muchísimo calor y no hay prácticamente sombras que aprovechar (alguna higuera que otra). Yo estaba realmente cansada después de casi 3 horas de subida, así que decidí quedarme en un grupito de casas, a la sombra de un árbol. Otra compañera se quedó conmigo. Allí había un señor bastante mayor, quizá tendría 70 años, que sacó una estera para que nos sentáramos en el suelo, y después se sentó en una de las rocas y mientras lavaba o quitaba garrapatas a una cabrita, con mucho cuidado y cariño, trató de comunicarse con nosotras. Imposible compartir idioma, pero con gestos y miradas más o menos pudimos entendernos algo. Él quería que nos descalzáramos y cabeceaba, quizá quería decir que no entendía cómo podíamos ir por ahí con botas y calcetines. Ellos van descalzos o con chanclas de goma, supongo que es lo realmente cómodo y natural. Al poco, vino una mujer mayor, probablemente su mujer, y se puso a limpiar unas hojas (creo que es tabaco, lo mascan), en una calabaza usada como recipiente, mientras nos miraba y se reía intercambiando frases con él. Les hicimos unas fotos y se las enseñamos, y ella se reía muchísimo de la foto del hombre, y le decía cosas. Se estaba burlando de él? o le estaba diciendo que salía muy guapo, quién sabe! El caso es que fue uno de esos momentos plácidos y agradables que los viajes te brindan, y que nunca se olvidan.
Senderismo en Rhumsiki
Trekking en Rumsiki
(1)
Desde el alto de Rumsiki, frente a los montes Mandara en su zona más espectacular, las agujas de basalto nos desafían... No, no teníamos por objetivo escalarlas, al menos yo no estoy muy ducha (nada, cero) en la materia y no es la época (monzón). Sí que llegan hasta aquí todos los años expediciones de escaladores con ése objetivo, en la época seca, sobre todo de Suiza. Aunque el objetivo no sea escalar esas moles de basalto, de origen volcánico, caminar por sus laderas es una maravilla. Descendimos desde el pueblo por un caminito estrecho, salpicado de rocas, hasta llegar al valle inmediato. Allí, adentrándonos entre cultivos de mijo y maíz, llegamos a una cabaña donde había un "herrero", otro personaje-institución de muchas tribus africanas, que constituyen una clase social o casta en sí mismos y son los encargados de trabajar los metales y también la madera y la albañilería, es decir, los "manitas". En esos momentos estaba trabajando una pieza de ébano. Como podéis observar en las fotos, el ébano tiene el corazón de color negro, mientras que las capas de madera exteriores, hasta la corteza, son de color claro. De ahí salen esas figuritas africanas que todos conocemos más o menos, y aunque mucho "timo" al respecto porque el ébano es caro (escasea, no como otras maderas), desde luego si encontráis una pieza bicolor es más probable que provenga de este árbol. Seguimos andando entre cultivos, observando la pequeña fauna que, si te fijas, puedes ver a tu paso, hasta que cruzado el valle emprendemos la ascensión para llegar hasta la carretera y coger los coches rumbo a un nuevo destino. Por supuesto, se pueden organizar trekkings de varios días, y seguramente no os falten los guías de Rumsiki (algunos jóvenes se están especializando poco a poco en este tipo de servicios, y realmente es gente agradable y por supuesto conocedores de la zona, así que no es desdeñable contar con ellos, ni mucho menos). La ascensión fue algo más dura de lo previsto, porque de repente y de manera muy rápida el cielo empezó a cubrirse con grandes nubarrones espesos y un viento muy fuerte empezó a soplar. Como ya habíamos vivido una tormenta monzónica un par de días atrás en otro punto de estos montes, teníamos claro que no nos apetecía pasar por otra en este lugar, algo más peligroso en cuanto a pendientes y caminos inexistentes, así que pusimos la quinta... En un momento dado, ya casi arriba, paré a descansar un poco y me di la vuelta. Ante mi se extendía el mismo paisaje que el día anterior pero desde otro ángulo y era... sencillamente impresionante. Una especie de "tierra de Mordor", cubierta de vegetación en buena parte y con esa tormenta grandiosa anunciándose. Fastuoso, me encantó.
Senderismo en Maroua
Trekking a Oudjilla
Salimos temprano de Maroua hacia los montes de Mora, a 60 Km. Esta era la primera vez que íbamos a ver esa cadena montañosa que se extiende en el Oeste del Extremo Norte de Camerún. Nuestro destino era un pueblo de montaña, Oudjilla, de la etnia Podocko. Al poco de salir de Maroua, en la carretera, de repente empezamos a ver cómo una gran tormenta monzónica está invadiendo los campos, borrando las montañas que se alzan a apenas 2 km de nosotros, y avanza en nuestra dirección a una velocidad que podías verla, sentirla. Fue tremendo y fascinante a la vez cuando nos envolvió!. Un viento fortísimo, cortinas de agua, árboles rotos como si fueran palillos. Las escasas motocicletas eran tumbadas con su carga y pasajeros, y en menos de media hora los campos de mijo y la llanura de ambos lados de la carretera estaban anegados de agua. Aun así, no dejamos de avanzar... supongo que los chóferes locales saben o piensan que si te quedas quieto puede ser peor, no lo sé. El caso es que por fin llegamos al punto a partir del cual había que apearse y empezar a subir andando por el monte, ya que Oudjilla se sitúa en lo alto. La lluvia y el viento seguían, con un pelín menos de fuerza pero os aseguro que era bastante, y lo mejor es que yo me había confiado porque en Maroua no parecía que fuese a llover ni nada por el estilo. Me había llevado.. un paraguas pequeño, por si acaso, ja!!. En fin, de esa guisa tiré para arriba y cómo no enseguida quedé absolutamente empapada. La subida la hicimos en la mitad de tiempo del que nos habían dicho que se tardaba. Pero claro, cualquiera se paraba a tirar una foto o mirar una flor, vamos... No encontramos a nadie en el camino, en realidad una pista que sube zigzagueando hasta el pueblo y que sólo en la época seca permite que los vehículos suban hasta el pueblo. Después de 1 hora, llegamos al pueblo y fuimos directos a la casa del jefe.