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Río Aar

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Berna, Suiza Dirección

12 opiniones sobre Río Aar

Un baño en el Aar

Excelente

El río Aar a su paso por Berna dispone de una zona habilitada para el baño. Se trata de un parque que ocupa unos 2km de la orilla. Al ser un río muy caudaloso, el baño se convierte en una actividad muy divertida aunque no exenta de riesgo. Para poder disfrutar de sus aguas lo primero que hay que hacer es seguir el cauce río arriba y encontrar el valor para tirarse a sus frías aguas. Una vez dentro la corriente es tan fuerte que no te queda mas remedio que dejarte arrastrar. Las primeras veces es bastante agobiante ya que tienes que estar muy pendiente para no pasarte las escaleras de salida (que son bastante difíciles de alcanzar) además, no hay socorristas ni ninguna otra medida de seguridad. Pero, poco a poco vas cogiéndole el truco y acabas disfrutando como un niño subiendo y bajando por el río una y otra vez.

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Lo mejo,r el puente Nydeggbrücke

Excelente

El puente Nydeggbrücke está al final del casco antiguo y aporta unas fantásticas vistas tanto del río Aar como de la ciudad de Berna. También puedes ver el foso de los osos, aunque esto último a mi no me gusto ya que no deja de ser una jaula para osos.

Chapuzón en el Aar

Excelente

El Río Aar, que corta Berna en dos, es transparente como un río de montaña y sus aguas atraviesan la ciudad con una cierta rapidez. A media mañana, al pasar en bici por uno de los puentes que lo cruzan, vimos, bajando por el río empujado por la corriente, algo que parecía ser una persona. Cuando logramos parar la bicicleta y nos acercamos a la barandilla el bulto ya se había alejado tanto que apenas se distinguía. Sin saber muy bien que era lo que habíamos visto continuamos nuestro paseo sin pensar mucho más en ello. Tras el almuerzo, la casualidad quiso que volviéramos a pasar de nuevo por el mismo puente. Gracias a eso pudimos comprobar que por la mañana no habíamos tenido una alucinación: un buen número de personas bajaban flotando por el río como si de un parque acuático se tratara. Demasiado para nosotros ¿Nos íbamos a ir de Berna sin probar aquello? Gracias a nuestras bicis, raudos y veloces fuimos al albergue a por los bañadores y media hora después explorábamos el margen del rio en busca de alguna pista que nos indicara por donde se tiraba la gente al agua. No fue difícil hallarla, ya que en un punto determinado encontramos una amplia explanada de césped en donde los autóctonos se desparramaban por decenas en bañador y bikini, aprovechando el bonito y soleado día suizo que el mes de agosto nos había regalado. Allí dejamos nuestras cosas y, siguiendo a una pareja a una prudencial distancia, cogimos un camino asfaltado entre árboles que bordeaba el río. Tras caminar un kilómetro (quizás menos, pero se me hizo largo, ya que iba siguiendo a dos personas hacia lo desconocido, descalzo, sin camiseta y en bañador) perdimos de vista, de improviso, a nuestros involuntarios guías, lo que nos hizo sospechar. En efecto, poco después llegamos al lugar que buscábamos, una especie escaleras de hormigón que se hundían en el agua. A esa altura del río no había ni rastro de la ciudad y la ribera era inaccesible salvo en ese punto. No quedaba otra, así que desde allí mismo saltamos a la corriente. El agua estaba gélida hasta un punto casi insoportable para mi "mediterranean body", pero ya solo podíamos flotar y esperar. El río empezó a transportarnos y aquello empezó de verdad a divertirme. En mi caso, la mala idea fue irme impulsando con suavidad hacia la orilla opuesta del río, donde el sol aún pegaba un poco. Cuando quise darme cuenta estaba llegando casi a la altura de la explanada donde tenía mis cosas. Desde el río vi otra escalera de hormigón con barandilla que salía del agua. Lo malo fue que yo estaba pegado a la orilla opuesta. Presa del pánico comencé a bracear intentando acercarme a la orilla contraria adonde me encontraba. Luchando contra la corriente nadé y logré sacar una mano del agua en el instante justo en el que pasaba junto a la escalerilla, me agarré a la barandilla y pude subir con el corazón a punto de estallar por el esfuerzo.

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