La historia, el esfuerzo y la protección de la escultura La Dama de Alfredo
Más allá de la escultura en sí, lo que más emociona de La Dama de Alfredo es la historia personal que la sostiene. Los viajeros cuentan cómo Alfredo, ya jubilado, asumió en soledad trámites, permisos, obras y gastos para poder instalarla en el espacio público, y luego se ocupó también de protegerla ante los primeros actos de vandalismo, rodeándola de arbustos con espinas. Esa dedicación diaria, que hace que algunos vecinos se detengan a “cambiar algunas palabras con él”, convierte la obra en un pequeño símbolo de perseverancia y cuidado por la ciudad.