Llegada a Santiago de Compostela y primera impresión de la ciudad
La entrada en Santiago de Compostela concentra la carga emocional de toda la ruta. Tras descender desde el monte do Gozo, el camino se interna en la ciudad y la hora de llegada marca también el ritmo de la jornada: en este caso, a la hora de comer. El peregrino se concede una pausa en una pulpería para recuperar fuerzas y afrontar con energía los últimos metros. El avance final hasta la plaza del Obradoiro se vive con intensidad, con la catedral dominando la escena como meta soñada. El momento de pisar la plaza se resume en un rotundo “PRUEBA SUPERADA!!!!!”, acompañado de las inevitables fotos frente a la fachada barroca. Después llega la búsqueda de alojamiento, que no siempre es sencilla, y la decisión de darse un pequeño homenaje en un hotel cercano a la Oficina del Peregrino, prolongando así la sensación de recompensa tras el esfuerzo acumulado.