Cortada Zabala y el encanto de encontrarse un Ford T de 1925 en Rosario
En la Cortada Zabala de Rosario, algunos viajeros se cruzan con pequeñas escenas que parecen detenidas en el tiempo. En una de esas caminatas hacia la parrilla Don Alberto, la sorpresa fue un Ford T negro de 1925, impecable, brillando al sol de un mediodía de finales de invierno. La experiencia se completa con el entorno urbano: justo enfrente estaba el antiguo café y pub Hayde & Jekyl, luego Berlín, reconvertido en sala de conciertos donde se escuchaba jazz, blues, soul, rock o se veía alguna obra de teatro. Ese contraste entre la vida cultural del lugar y la aparición de un clásico sobre ruedas refuerza la sensación de estar en una calle con personalidad propia. Quien lo cuenta describe cómo el coche lucía reluciente, con sus detalles de bronce y la capota perfecta, hasta el punto de que parecía recién lustrado y casi sin uso, y admite que fue imposible averiguar quién era el propietario, probablemente un coleccionista enamorado de su pieza histórica.